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No puedo hablar con mucha objetividad de
lo que representó el grupo Objetivo Birmania en los años
80. Mi relación con ellos era demasiado cercana como para poder
dar una opinión imparcial. Lo que sí puedo asegurar es que
eran cuatro chicos y tres chicas repletos de un talento que de
ninguna manera se reflejaba en sus discos.
Objetivo Birmania era diversión, color, sensualidad. Quizás
no escribían las canciones más profundas del mundo, pero con
toda seguridad ofrecían la opción más divertida de unos años
en que la música española se empezó a tomar en serio.
La mala elección de su productor, las
desavenencias entre ellos, la diferencia de criterios musicales y
posiblemente muchos más motivos que no vienen al caso, impidieron
que el grupo saliera adelante y triunfara masivamente tanto en España
como en Latinoamérica. Es una pena.
Hubo una secuela del grupo formado por Mónica
(una de las Birmettes) y otras dos chicas, pero para mí, la
magia de Objetivo
Birmania desapareció el día que los siete se tiraron los
trastos a la cabeza.
Sandra
Serrano. Sol Música
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