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Objetivo
Birmania fue un grupo que, pese a que algunos les cueste
reconocerlo, se convirtió para muchos en un referente musical de
finales de
los 80. Nació con la ilusión, falta de medios, imaginación y
marginalidad
con la que nacían la mayoría de las formaciones de ese momento.
Se
distinguía de ellas en la importancia que tenía la puesta en
escena, en el
aspecto visual, que era pura explosión de color y movimiento.
Las letras de sus canciones eran
completamente intrascendentes y divertidas, lo que se perseguía
era conseguir que los temas invitaran a bailar (muy poco común en
los grupos de entonces) y a la evasión, sin más.
Pronto dieron el salto y de ser un grupo minoritario de la movida
pasaron
convertirse en un grupo que llenaba campos de fútbol y plazas de
toros.
Alcanzaron mucha popularidad entre la
gente aunque, por otro lado, algunos críticos musicales que en un
principio les habían apoyado les dieron la
espalda cuando se hicieron famosos y se separaron de aquello que
se
consideraba auténtico. Creo que merecen un hueco en la historia
musical de este país porque fueron diferentes y coherentes.
En la segunda etapa de Objetivo
Birmania se producen varios cambios. Cambia la imagen del
grupo. Ahora son tres chicas que cantan a la vez, no hay una
solista y dos coristas como en la etapa anterior. Los músicos ya
no forman
parte del grupo y pasan a un segundo plano, de mayor anonimato.
En el aspecto musical Carlos de France
toma las riendas de la composición y se mantiene la idea de hacer
temas divertidos y comerciales, algunos de gran éxito como Los
amigos de mis amigas. Se continúa con una puesta en
escena donde las coreografías y los cambios de vestuario dan
mucha vida al espectáculo.
Son tiempos diferentes, la música española ya
se ha convertido en un
auténtico negocio, existen multitud de grupos de todos los
estilos y
Objetivo Birmania pasa a ser uno más de los que ocupan los
primeros puestos.
SOLE GABRIEL Y GALÁN. Reporter
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