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Desde
que era pequeña soñaba con subirme a un escenario. Con tres años ya
me subía a la mesa del salón y daba conciertos para mi familia. Os podéis
imaginar lo que supuso entrar en Objetivo
Birmania, que aunque sin ser el estilo musical que más me gustaba,
entonces hizo que...sueños...ilusiones...ganas...esfuerzo...se hicieran
realidad.
El
casting, ¡que sensación! y en mi estómago un nudo hecho de la ilusión
que dan las luces del escenario. Allí estaban Mónica,
Marisa y Carlos de France. Unos días de espera (pocos) y...
Desde
ese día empezaron los ensayos, luego las grabaciones, promoción,
radios, televisiones, entrevistas y... conciertos. ¡Cómo me pone
subirme a un escenario!. Se te abren muchas puertas y cuando eres joven
es más fácil que se te vaya la olla. Creo que no lo llevé mal. No era
lo primero que hacía, ya había hecho teatro (Runnaways),
televisión (Segunda Enseñanza
de Pedro Masó) y ya había
estado en un grupo cantando (Monano
y su Banda); pero si quizá lo más importante o al menos lo era en
ese momento.
Me
quedo con momentos, imágenes, gente, canciones, luces, escenarios,
lunas, amigos, ciudades, fans, entrevistas, pueblos, música, silencios,
algún pequeño grito...mucho carácter, risas, muchas risas o como
ahora que escribiendo esto después de haber revuelto entre los
recuerdos con un poquito de nostalgia... Buen rollo.
O.B. deja huella.
Me
quedo lo que aprendí (sobre todo de los directos) Me llevo lo que
compartí (trabajo en equipo, propuestas, montaje de coreografías y
conciertos)
...Y
lo que me aportó fue un nombre en el mundo discográfico que realmente
no aproveché porque decidí seguir mi carrera como actriz.
A
mis compañeras de aquel viaje, a Carlos,
a los músicos, técnicos, prensa, televisión, discográfica,
manager, etc... y a todos los que compartí mis tres años en Objetivo
Birmania, gracias, besos y mucho amor.
Sol Abad
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