|
Se ha hablado demasiado de la movida madrileña. Teorías,
ramificaciones, historias de fanzines e incluso estúpidas estadísticas
intentando averiguar inutilidades del tipo “cuál es la palabra
más repetida en las canciones del año 1983”. Al final, como en
todo, resulta que el cliente siempre tiene la razón, y la movida,
más que una revolución cultural-musical ocurrida hace 25 años,
se valora en fin como la inolvidable banda sonora de toda una
generación, que se transmite de hermanos mayores a pequeños y de
padres a hijos.
La segunda hornada de grupos de esa “movida”, nacida a imagen
y semejanza de quienes se paseaban por Marquee, Carolina, El
jardín, El sol, La Vía Láctea, la Escuela de Caminos y, en
fin, RockOla, trajo nombres tan claves para la historia de
este país como Hombres G, La Unión, Olé Olé
y, por supuesto, Objetivo Birmania. OB materializó
una de las propuestas más brillantes y originales del momento: su
base funk-pop, y su cercanía a las máximas lúdicas de B-52
les convirtió en merecedores del ingreso en el club de “grupos
más divertidos de la movida”.
Mientras otros grupos luchaban por sonar más complejos y buscar
unas letras metafóricas y con dobles o triples sentidos, el grupo
de France, Hens, Musulen, Elices y Escauriaza
simplemente pretendían divertir y divertirse (¡y vender, que hay
que comer!). Yo tenía ocho años en 1984, y recuerdo con claridad
cómo intentaba imitar de manera obsesionada las coreografías de
aquellas chicas que se situaban a la derecha del escenario, las
“birmettes”, Mónica y Ana, probablemente el
buque insignia del grupo. Porque sin “birmettes”, OB
habría sido otra cosa. La magnífica voz de Yolanda Hens
recibía su perfecto apoyo visual y sonoro, y el grupo tenía
mucha más gracia y morbo para el público masculino, porque
cantaban bien, eran guapas y simpáticas. ¿Se podría pedir más?
Y el mejor reflejo de que el grupo triunfó es que no hay garito
decente donde no te pongan –¡y si no lo ponen, nos vamos!- Desidia,
Baila para mí, No te
aguanto más o quizás Los amigos de mis amigas son
mis amigos, el tema con el que nació la segunda etapa de
OB. Una etapa en la que Carlos de France dirigía desde la
sombra a Mónica Gabriel y Galán, Marisa Pino y Lola
Baldrich y en la que el objetivo a seguir era crear unas Bananarama
españolas, proyecto en el que triunfaron porque ahora, cuando oigo
un disco de las británicas, no dejo de pensar que las españolas
molaban mucho más. Por cierto, que me he encontrado con más de
un amigo que me ha contado que le gusta “esa canción que
hicieron las de Objetivo Birmania, La Caza"... Pobre Juan
y pobre Junior...
Y es que OB, señores, tiene un hueco en la música de
nuestro país. Un hueco que, antes que en ningún libro, o tesis
llena de estadísticas baratas, está en nuestra memoria, esa
maldita memoria gracias a la cual sobrevivimos, la de unos tiempos
en los que Objetivo Birmania nos alegraban las
noches de viernes. Porque OB se pasean por nuestra vida con
billete de ida y vuelta. Y que dure.
Begoña
Alonso. Hachette |