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Objetivo |
Birmania | ||||||
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Mientras algunos periodistas preguntan cúando será la grabación del tercer LP, las ventas del segundo son definitivamente no muy buenas. Todos se empiezan a poner nerviosos. Pedro Caballero sigue preparando galas. La cuerda que aguanta el equilibro del septeto se sigue tensando, hay demasiados caracteres diferentes y fuertes sin un líder claro que dirija al grupo, con muchas relaciones personales muy mezcladas y con un éxito económico y profesional que cada uno asimila de una manera diferente. A todo esto hay que sumar todo lo comentado en el año anterior referente al cansancio por el ritmo frenético llevado. Hasta ahora las canciones las componían entre todos, cada uno aportaba lo que podía o sabía hacer mejor. Unos las letras, otros la música. Si había que dar un toque más comercial o había que introducir arreglos, se discutía y en los locales de ensayo se probaba. De cara a la preparación de otro LP, el nerviosismo que estaba aflorando, consigue que cada uno quiera hacer la guerra por su cuenta. Cada uno quiere aportar individualmente temas, olvidándose de la esencia del grupo, de cómo se había formado y cómo se hacían hasta ahora. Tampoco quieren que otros compositores les aporten canciones. Entre unas cosas y otras la cuerda se va tensando, los fantasmas van a apareciendo. Algunos empiezan a poner su punto de mira en Yolanda, la culpan de las pocas ventas, que se ha relajado, que hay que dar un giro a la solista... En definitiva había que buscar un chivo expiatorio para purgar las conciencias, y cómo fue la última en llegar, fue la primera en salir. Inmediatamente
el grupo se fragmenta. Por un lado están Paco, Luis y Ana, por
otro Mónica, Carlos y Javier. Paradójicamente
y para mal, estamos como en los orígenes de Objetivo Birmania.
Por un lado el binomio de Paco y Luis; y por otro el de Carlos
y Javier, pero esta vez es el principio del fin. |